Cuando la realidad televisada
se hace cada vez más atrevida,
rayana con lo obsceno
en lo terrible,
con los certeros zarpazos
de la hambruna en primer plano,
aún hay señoras
con perritos trajeados,
megafalderos, que al creer que se alejan
demasiado los reclaman cariñosas,
sin vergüenza:
¡Ven con mami!