Andan soliviantados los garrulos,
presumo que por mor de su estulticia;
es bueno que emborrone la avaricia
su rédito, egoista en grado sumo.
Se agarran con ardor a sus contactos,
les piden sin rubor: “quéhaydelosuyo”
el resto de ese cuento ya lo intuyo,
lo quieren con urgencia, ipso facto.
Fiaron su interés a una quimera,
la guía del quehacer inmobiliario;
el grueso del poder, asuntos varios,
haciendo sus castillos en la arena.
Llegaron vacas flacas a la orilla
del pasto tantas veces esquilmado,
que ya no daba fruto lo plantado,
pues era más que negra su semilla.



