Se está poniendo de moda el insulto,
la acusación sin pruebas,
(e incluso con pruebas de todo lo contrario)
el linchamiento moral, la lapidación impúdica,
el esperpento judicial, la astracanada ruín
auspiciada por los mass-media y sus desvergonzados
prebostes financieros.
Y ante tanta felonía compulsiva
¿qué propone el ciudadano de a pie, más o menos documentado?
La táctica de la avestruz
en el mejor de los casos,
cuando no la cobarde sumisión
de su conciencia.
Ripios
Cuando salgo los sábados de noche
a buscar el amor recompensado,
acicalo con primor mi decadencia
y saludo a otros ojos descarriados.
Me hago nudos en corbatas pizpiretas,
como un dandi al que hubieran descastado,
y sorteo sin rubor a proxenetas
que me informan de los precios del mercado.
Luego elijo, sin ceder a la impaciencia,
una musa que presuma mi calado
y la sigo hasta el tálamo que infecta
de venéreas sensaciones su brocado.
Una a una la desvisto de sus prendas,
ella suele recelar de tal cuidado
y me mira de soslayo la entrepierna
por si ya hubieran crecido los enanos.
Se hace cruces cuando ve que me detengo
a aspirar sus humores más mundanos
y me apura aduciendo tanta urgencia
que no puedo resistirme a su pecados.
La escuela de la vida
En la escuela de la vida
uno aprende más bien poco.
Nacemos desvalidos como insectos,
a merced de un mundo depredador
al que algunos resistimos
por millones de cuidados.
Luego nos dan un carnet con el que dicen podemos
ir a cualquier parte, siempre y cuando
nos presuman la inocencia.
Tarde o temprano, casi todos, nos doctoramos en la ciencia
de pisar al que está debajo
y nos gusta esa sensación.
(Al margen de que suele proporcionar
cuantiosos dividendos)
En cambio
los insumisos, que se niegan a tal oprobio,
acaban defenestrados y reciben la compasión
sino el desprecio
de los mismos que salvaron de esa afrenta.
Un libro al revés
Dices que siempre estoy
en el sitio equivocado
y que la oportunidad es mi única razón,
que suelto lastre si salen
malas cartas pero que suelo
apostar con decisión…
Dices una cosa y luego la contraria,
te cuesta poco el cambio de opinión.
Yo no puedo seguirte
en tu viaje alrededor de todo,
lo siento, no sé leer
un libro que está al revés.
El paso equivocado
Yo soy el callo de unas manos
que vence el tránsito insidioso
de andar mirando de reojo
la pena de ser un ser humano.
La espita que un loco peligroso
abrió para inundar lo arcano.
El baile del cojo, avinagrado,
que bebe del vino espirituoso
para dar siempre el paso
equivocado.
Arrugas
A menos de medio cadáver
de mi destino final,
me encuentro con prácticamente
todos los sueños alicatados
hasta el alba,
uno a uno sin cumplir,
formando esa grotesca escalera
de colores más que negros.
Ahora me he convertido en otro
patético buscador de arrugas
en los bancales de un tiempo
que va inexorable en contra y se ríe
a mandíbula batiente
de lo escaso de mi audacia.
Bicho raro
No soy lo que quieren que sea
ni mis hijos, ni mis padres, ni siquiera tú
que amenazas con esos ojos desarmados
los resbalones, cada vez más frecuentes, en la ausencia
boreal de mis cabales.
No siento como el resto del mundo
la soledad como una losa, es más, me reconforta
recibir sus caricias de mascota en las noches frías
del alma y escuchar su arrullo silencioso acompasar
mi propia respiración.
El vals
Bailaba con el vals de su sonrisa
en el mismo piso que ella me enceraba.
Un día le prendí fuego a la camisa
de fuerza que me ataba
y desnude del miedo sin rencor
ni cortapisas, una a una, las prendas del amor
que me apretaban.
Hoy le doy gracias al dios del día a día
por verme al fin feliz
cada jornada.
Mentira
Mentira: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
Recuerdo que en mi tierna y, por desgracia, ya lejana infancia nos poníamos como un basilisco cuando alguien nos llamaba mentiroso, es decir lo considerábamos una afrenta ante la cual reaccionábamos incluso con violencia física contra el osado agresor, salvo que éste nos superara claramente en corpulencia o esgrimiera un arma inhibidora.
He asistido atónito a ese tedioso debate entre extremos que, en realidad casi se tocan, con una oratoria infame tuvieron la desvergüenza de torturarnos el otro día los próceres de la política nacional, en el que excepto la anémica dialéctica del “Y tú más” y las mutuas acusaciones de mentir que ambos se prodigaron sin atisbo de cualquier rubor recíproco, poco había que justificase tal pérdida de tiempo.
Modestamente, pienso que la mentira se ha instalado irreversiblemente en nuestras vidas y asistimos a su obscena exhibición con una resignación anteriormente reservada para catástrofes naturales o fatídicos meteoros, que no es el caso.
Ahora que los aurigas de la economía fían a la regeneración del tejido industrial la base para su recuperación, creo que los ciudadanos de a pie, más o menos indignados, estamos en condiciones de exigir una regeneración moral a los ¿servidores? públicos que permita resucitar la confianza enterrada, por sus méritos, varios metros bajo tierra.



